El budismo Chan en China

Bodhidharma

El Budismo llegó a China a principios de nuestra era a una tierra ya rica culturalmente; dos importantes corrientes de pensamiento la habían fecundado desde hacía siglos: el taoísmo y el confucianismo. A su paso por China la expresión del mensaje del buda se impregnó de la cultura de este gran país manteniendo, al mismo tiempo, su autenticidad. Para comprender la evolución actual del zen Sôtô es interesante bucear en sus fuentes, estudiando, especialmente, uno de los períodos más ricos del budismo, el de la difusión del Chan en China, del siglo VI al siglo XIII. Estos siete siglos pueden dividirse en tres grandes períodos.

Primer período (siglos VI y VII)

Del siglo VI al siglo VII el Chan se desarrolla en China a partir de la llegada de un monje indio Bodhidharma. Esa época, en la que leyenda e historia se confunden, es la de los patriarcas fundadores: Bodhidharma, Eka, Sôsan, Dôshin y Kônin, y, como apoteosis, el sexto patriarca Daikan Enô. Enô tuvo dos principales sucesores: Nangaku Ejo y Seigen Gyoshi, que están en el origen de todos los grandes linajes posteriores.

Segundo período (del siglo VII al siglo X), edad de oro del Chan

Del siglo VII al siglo X proliferan los linajes en la transmisión del Chan. Muchos de ellos se extinguieron, pero otros están en el origen de las cinco grandes escuelas que surgirán más tarde. En la época de Hyakujô (siglo IX) se fundan los primeros monasterios Chan, con reglas propias. Dôshin en su tiempo ya estableció las bases de una primera regulación; Hyakujô prosiguió esta obra e instituyó la famosa regla: «Un día sin trabajar, un día sin comer.» Así nace el samu.

 

Esta época es la de los primeros textos fundadores del zen Sôtô, como el Sandokai y el Hokyo Zanmai. Época de extraordinaria creatividad y famosos maestros como Nangaku, Sekito, Tokusan, Basô, Yakusan, Tôzan, Hyakujô, Seppô, Rinzai, Nansen o Joshu, que pertenecen a diferentes linajes y desarrollan una enseñanza original con formulación propia.

Por ejemplo, Tôzan y Sôzan, considerados como los fundadores de la escuela Sôtô, crearon numerosas y conocidas fórmulas, como los cinco rangos (go i), los tres caminos, las tres caídas, las tres huidas, etc… Todas estas fórmulas y expresiones diferentes debían permitir que los discípulos evitaran las trampas de la comprensión intelectual, sacándoles de los derroteros de sus anteriores conocimientos y haciendo que despertaran a la realidad de la vía del Buda.

Algunos de estos maestros estaban a la cabeza de comunidades muy importantes, formadas a veces por más de mil monjes y tuvieron gran número de sucesores en el Dharma. Por ejemplo, Seppô transmitió a cincuenta de sus discípulos.

A este período se le llama la edad de oro del Chan; en esta época aparecen las cinco escuelas o cinco casas: Hôgen, Ummon, Igyô, Sôtô y Rinzai. Las historias y anécdotas de los patriarcas de estas escuelas se han convertido en referentes para los estudiantes y están en el origen de lo que se llamará más tarde koan o caso público.

Tercer período (del siglo X al siglo XIII)

En este contexto particularmente rico y prolífico se abre el tercer período de expansión del Chan (dinastía de los Song), que ve surgir una literatura cada vez más refinada y escuelas que establecen su particularidad con tal rigor que los remedios producen en sí mismos nuevas enfermedades. Así en el siglo XII se desarrolla la famosa (verdadera-falsa) polémica entre Wanshi Sogaku, del linaje Sôtô, y Daie Sôkô, que redactó el Hekiganroku, antología y comentarios de koans del linaje Rinzai.

A Wanshi Sogaku (1091-1157) se le considera como aquel que reanimó un linaje Sôtô moribundo devolviendo el verdadero sentido a la práctica de shikantaza. Zazen se había convertido, poco a poco, en una práctica quietista desprovista de espíritu de despertar, en la que los monjes dormitaban más que meditaban. A fuerza de estar absortos en un estado próximo al vacío mental, los monjes ya no podían responder a las exigencias de la vida cotidiana, sobre todo en sus relaciones con los laicos.

Para responder a las críticas y a la desaprobación de los muchos maestros y, sobre todo, de Daie Soko, Wanshi escribió sus textos más profundos, como por ejemplo el Mokushoka en el que la práctica de shikantaza recupera su dimensión y su misterio.

Tendo Nyojô transmitirá ese shikantaza puro al joven Dôgen llegado de Japón en busca del auténtico Dharma.

Olivier Reigen Wang-Genh.